Imagenes del alma
Hermenegildo Sosa nació en 1946 en San Andrés Buenavista. Tlaxcala, y en 1978, ya dueño del oficio y seguro de cómo y de qué manera había decidido expresar su vocación artística, realiza sus dos primeras exposiciones individuales. En ambas, ya aparecía su sensibilidad, su dominio de la técnica en lo que será a partir de entonces el tema que más ha recreado a lo largo de su actividad plástica: el paisaje.
A caso que la elección de este motivo se origine en que su infancia transcurrió en el campo y a que fue testigo de los ciclos vitales de la naturaleza. Así, sus paisajes son mundos donde el cielo es un personaje que en contadas ocasiones aparece inmóvil, sereno, las más de las veces nublado, a punto de que estalle la tormenta. Cuando las nubes no anuncian su violencia el cielo no siempre se nos muestra como tal. Su aspecto cambia debido a que el pincel de Hermenegildo Sosa lo presenta de color turquesa, violeta, amarillo, como si el Sol ocupara la bóveda celeste, o un rayo de luz traspasara las nubes.
El mundo principal, el más logrado de este artista, lo componen las flores, las hierbas, los montes, los volcanes, los colores. Las flores son un homenaje a la vida, iluminadas por la luz del Sol, como sus cempasúchiles y girasoles que también aparecen en la penumbra, en el ocaso.
En la obra de Sosa hay también metamorfosis, movimiento, tanto en las nubes, en el cielo, como en el campo, en el terreno, en que el color amarillo de las flores y de la hierba continúa hasta el horizonte y se une al cielo que adquiere tonalidades del Sol. Las piedras, sumergidas en el agua, cerca de la orilla asemejan peces y tortugas que saldrán a la superficie en cualquier momento. Las montañas son un conjunto de partes, en que cada corte tiene su color, y ahí la luz incide sobre los tonos ocre, amarillo, verde, gris.
El arte de Hermenegildo Sosa es un homenaje a la luz, a los presagios, a los sonidos, al silencio, a los elementos de la naturaleza.
Alí Chumacero De la vida y del color.